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Aurora Mateu - Cuentos CortosCuentos cortos para casi todo el mundo |
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La llamadaHace más de seis meses que no nos vemos. Demasiado. Cada noche, pienso en ella, sus ojos, su nariz, su sonrisa, su voz y su pelo. Sus tetas naturales como la vida misma, rebotando cada vez que salta, camina o corre. Su escote dorado por el sol, perfecto y perfumado, como esperando que alguien se fije en él para hacerle levantar la vista y te fijes en el azul oceano de sus ojos. Me perdían sus ojos, sus labios, sus tetas y su culo. Su movimiento sinuoso al caminar y su perfume al pasar. Seis meses y nunca me he atrevido a decírselo. Seis meses de los cuales ni una noche, ni una sola, me he ido a dormir sin pensar en ella. Antes la veía pasear por la calle, tomando un café en el bar, sonriendo cuando hablaba con alguien que no era yo, cuantos celos.
Hoy he decidido que se lo voy a contar todo, hoy me declaro, se lo digo y me sentiré a gusto. Me va a enviar a la mierda. Seguro que me ignora para siempre. Tengo que llamarla, decírselo, contárselo, usar las palabras apropiadas. Qué dificil.
Miro por la ventana, el teléfono a mis espaldas, la luz que irradía su pequeño botón verde que ilumina parte de la estáncia. Noche cerrada, relámpagos y truenos ahí fuera. Dentro, oscuridad, perfecta oscuridad y un botón verde de llamada. No veo nada más, pero no me atrevo. No hoy no, pero... no puedo vivir así, necesito escuchar su voz,melodiosa y refinada. Necesito oirla. Necesito que llene mi sala sórdida, oscura y húmeda, en un sin cesar de risas y parloteo. La llamo. Sí, la voy a llamar. Cojo el teléfono, descuelgo. ¿Cuál es su número? Mierda, ¿Dónde lo he dejado?, ¿En el cajón de la entrada?. Voy al mueble del recibidor, papeles, recibos, publicidad, llaves, mòviles antiguos con los que juegan mi sobrinos, un alargo, bolígrafos, un bloc de notas, la foto de mi família, un condón caducado, lo tiro y sigo buscando. Si no lo encuentro ¿Qué hago? ¿Quién debe de tener su número?¿Álguien que yo conozca? Pero.... seguro que lo tengo, seguro, recuerdo que me lo dió. Oh! Diós, ¿Dónde coño lo guardé? Mi cartera está dentro del baúl, abro poco a poco, no hay suficiente luz, doy la luz del comedor y veo algo más. Gafas, más papeles, más recibos, más publicidad, otro bloc de notas, la funda de las gafas, mi cartera. Tiene que estar, tiene que estar. Me siento en el sofá al lado del teléfono. Abro la cartera. Tarjetas de débito, ni un chavo. Tarjetas de crédito, ni un chavo. Tarjetas de visita, el dentista, la tienda de informática y varias de amigos. Facturas de la Visa, tickets de compra, un papel arrugado, lo tiro.
Mierda, mierda y mierda.
La chaqueta la he tirado en el sofá al entrar esta tarde. Si no está en mi móvil, no está y... no podré oir su voz, sus risas y habré perdido mi oportunidad, mi decisión, mi valentía y mi fuerza. Hoy, tiene que ser hoy. El teléfono sigue brillando, lo tengo a la derecha, insistente, verde, a mi lado.
Enciendo el móvil, saltan dos mensajes. Ahora no. Menú, agenda, ELLA. Sí, sí, siiiiiiiiiií. Por fin, lo tengo, yo no lo he gravado. Pero lo tengo.
Me giro lentamente, mirando fijamente el número que sale en la pantalla del móvil. És el de ELLA. Respiro ondo, acerco mi mano lentamente al teléfono fijo, no tengo pasta en el móvil, lo levanto, lo cojo fuerte, no demasiado. Me sudan las manos, tengo calor. Dejo el teléfono de nuevo en la base y voy a la cocina por un vaso de agua. Me lavo la cara, bebo, me refresco. Carraspeo un poco para aclararme la voz. Estoy seguro. Voy a llamarla y voy a decirle lo que siento, lo pienso, lo que anhelo y deseo.
Me giro, verde, parpadeos, luz. Me acerco lentamente, me siento, me levanto, no, no, mejor sentado, me tiemblan las piernas y las manos, empiezo a marcar. Jodeeer, cuelgo de nuevo, me he equivocado, carraspeo otra vez. Me seco las manos al pantalón, ahora es la buena. Marco, marco poco a poco el número como para darme tiempo de saborear el momento. Soy valiente, ya suena, una, dos, tres, cuatro....
-Hola!?
Aurora Mateu GAME OVERLos problemas nos llevan a pensar que con una sola solución ya lo hemos arreglado. Bien, ¿donde está esa puta solución cuando tenemos ese problema inesperado que nos convierte en ineptos durante horas sino días? ¿Dónde puedo encontrarla? En estos momentos de mi vida, ya no sé donde mirar, a quien preguntar ni donde dirigirme. En estos momentos de hipocresía social, estéril y fecunda crisis, ¿qué me queda?, ¿qué nos queda? La palmadita en la espalda y la mísera esperanza de que todo pase, que pase rápido y a poder ser que no nos afecte o que nos afecte mínimamente. Pero miras a tu alrededor y te das cuenta que la solución aún está por llegar. Días, meses y es posible que años. Familias enteras destruidas por una irracional política de compulsión, de economía convulsa, esperanzas y expectativas truncadas. Momentos de alegría convertidos en migajas. Reacciones equivocadas en momentos álgidos. Nos hemos equivocado y pagaremos por ello. ¿Quien coño fue el crédulo que pensó que sería rico gastando el dinero en inversiones? ¿Cómo engañaron a la gente prometiendo el oro y el moro? ¿Quien coño fue el gran vendedor embaucador? y ¿Tanta necesidad tenía todo el mundo para creerse el cuento de la gallina de Oro? Sí. Sí rotundo. No pensaron y permitieron sin más que les engañaran de por vida en su momento álgido. No escucharon, no quisieron mirar, no quisieron descubrir la verdad y ahora pagaremos justos por pecadores y sobre todo por pecadores. Míralos a todos juntitos como borregos haciendo cola para pagar sus putas compras de navidad que lo único que harán será empobrecerlos todavía más. Confiados ansiosos de que el año que viene será mejor y podrán pagar sus deudas. Estúpidos, caéis en la trampa una y otra vez, tropezáis mil veces si hace falta con la misma piedra. Gilipollas, salís a la calle engañados por una festividad que ya no tiene nada de religiosa sino que se parece más a la fiesta de me gasto lo que no tengo. Todo por hace felices a amigos, padres, hijos, tíos, sobrinos, abuelos y toda la prole. ¿Os habéis preguntado alguna vez sino les hará más felices ver que podéis comer todos los días sin esperar que nadie os ayude? Entrasteis en el juego y no sabéis cuando tenéis que acabarlo. No os habéis leído las instrucciones del juego y creéis que como alguien sabe jugar vosotros también. GAME OVER Si todos se tiran por el balcón ¿por qué no vas a probar tú? Mira abajo y seguro que lo descubres. EsperaEspera, espera, espera.... Qué cojones que tiene todo, esperas, esperas y en definitiva desesperas. No tengo otra puta cosa que hacer que esperar. Mi vida se ha ralentizado, paralizado, incluso creo que engorda, pero simplemente está en la jodida espera. Esperar, que verbo más asqueroso, que nos hace llenarnos de paciencia, impaciencia, nervios, estrés, ansiedad, alcohol, drogas, comida basura y en definitiva de putos nervios, esos hijos de puta que te devoran por el día y aterrorizan las noches. Esas noches en las que habrías reventado a beber, a drogarte y a follar, están cubiertas, tapadas, ennegrecidas, chamuscadas y asesinadas por la "Espera".
Todos los días al levantarme por la mañana, mirarme al espejo, mear, ducharme y desayunar cualquier cosa, que lo único que hace es que tengas diarrea matutina, a partir de ese asqueroso y maloliente momento, sólo nos queda la puta espera.
Espera a que sea la hora de salir de casa. Espera la llamada, espera la hora de ir al médico o al tan "deseado" trabajo. Espera que sea una buena hora para tomarte un birra bien fría sin que el hijo de puta del camarero o sus bien representados hijos de puta clientes, se giren para mirar quien coño es el osado de pedir una cerveza en condiciones a esas horas. ¡ESAS HORAS! Capullos que sois una colla de capullos sin pedigrí, me miráis a mí por tomarme no una ni dos ni tres, las que sean las que me apetecen, yo espero como me sale de los cojones. Puestos a esperar hay que hacerlo como te de la santa gana. O ¿es qué también hay putas reglas para esperar? Si fumo espero bien, si paseo espero bien, si miro la puta tele espero bien, si leo el asqueroso periódico en una asquerosa mesa llena de colillas y café de mierda espero bien, pero si me fumo un canuto, follo, bebo lo que me salga de los cojones, canto a grito pelado, me quito los putrefactos zapatos en público o duermo en banco del parque, espero mal. La gente se ofende, te insulta, de menosprecia y te degrada, y tú te los miras y lo único que te viene a la cabeza, a parte de partirles una barra de hierro en la cabeza, es preguntarles ¿y tú que coño esperas?
La peña es la ostia, encima esperan que les respondas, que les mires como si fueran tu puto objeto de deseo, que les sonrías y lo que deberían esperar en realidad es que alguien les pegue un tiro en la cabeza.
Esperamos a que nos mire esa tía o tío con el que fantaseamos en nuestras perdidas y nubladas noches por los nervios. Esperamos que salga el sol, esperamos unas bien ganadas vacaciones, esperamos las putas navidades supongo que por curiosidad, a ver si este año te regala lo esperas desde hace tanto. Ese regalo que no te compras nunca porque estás seguro que un día alguien te dará la sorpresa y te lo regalará. UNA MIERDA, lo único que consigues es esperar, esperar que te paguen, esperar que te salga trabajo, esperar que llueva, esperar en la cola del INEM, esperar en la cola del supermercado donde has entrado esperando encontrar lo que te hace falta y por supuesto no tienen. Esperar la hora de la comida, esperar encontrar algún conocido en el antro donde te escondes cada día. Esperar poder pillar una taja suficientemente importante para poder dormir esta noche, esperar que alguien te invite porque no llevas un puto duro, esperar que te pasen el porro, esperar a que crezcan las plantas para poder fumártelas en condiciones, esperar que tus hijos crezcan y que crezcan los del vecino para que se hinchen a follar y te dejen en paz con jilipolleces y dejes de decir pacieeencia, todo llegará. Repito y UNA MIERDA, por mucho que esperes si no depende de tí, no sabes si llegará y si llega después de haber esperado tanto ya no es lo que quieres o como lo quieres, así que JÓDETE y espera a que la puta vida seguro que a parte de ralentizarse, paralizarse y engordarse también puede desesperarte y matarte que por eso es vida.
Aurora
Mis piernasHoy no puedo más, mi cuerpo se arrastra incesantemente por encima de una hojarasca asquerosa, mojada y putrefacta, mi cuerpo dice no, sus gritos -tú puedes hija de puta. Mis piernas deseadas por miles hombres, por largas, fuertes, finas, coquetas en sus movimientos, que cuando se cruzaban quitaban el aliento. Piernas de gimnasio, femeninas, potentes, con unos gemelos perfectos que se movían al unísono, marcando toda su voluptuosidad a cada paso que daba. Mis tobillos estrechos, suaves y redondeados donde los besos se confunden con el más íntimo de los deseos, tobillos mostrados siempre ante la perfección y la erección de quien los podía admirar. Mis potentes muslos deseosos de caricias, de manos expertas, suaves como la seda pero poderosos, ahora mis piernas desnudas ante el mundo, entre hierbajos y hojarascas de otoño, corriendo, desesperadas por alcanzar el descanso del vencedor. Mis piernas delgadas, mordidas, resquebrajadas, llenas de rasguños y masacradas, ya no acompañan ni el deseo, ni cortan el aliento, ni me acompañan en mi destino. Mis piernas arrastradas por el lodo de la miseria, largas y cansadas ya no pueden más. Mi aliento es el que se corta a cada paso. Después de dos meses he conseguido escapar de mi tormento. Nunca he sentido más pánico hasta ahora, me persigue gritando, me quiere matar, hace más de dos horas que corro en silencio para que no me oiga, pero me persigue con insistencia. En una mano un hacha en la otra un palo. Miro atrás, no puedo más, mi cuerpo se desvanece por momentos y le oigo gritar. Está cerca, si me coge me matará. Está loco, me siguió durante dos años a donde iba. Me fotografió en la calle, en mi casa, en el gimnasio, con mi familia y amigos. Se convirtió en mi amante, adoró con delicadeza mis piernas y me hizo el amor noche tras noche como un experto amante. Nunca me hizo daño, nunca dejó de acariciarme y nunca dejó de decirme que me amaba, que mis piernas eran su perdición. Llegó el momento en que sólo quería que caminara descalza, desnuda, por el suelo frío del frío invierno, en la playa, en la calle... sobre la alfombra y sobre él. Llegó el momento que no podía salir de mi habitación porque quería mis piernas, abiertas, sudorosas, perfectas y suaves. Extendía cremas con suavidad al principio y brusquedad al final, me hacía la pedicura y me daba masajes dia y noche. Mi piernas fueron mi perdición.
Decidió atarme por las noches para que no pudiera mover las piernas, me ataba las manos para que no pudiera tocármelas, me tapaba los ojos para que no pudiera mirarlas, así durante dos meses. Mis dos meses de cautiverio, mis dos meses de pánico y terror, siempre me decía que me las cortaría y así serían nada más de él. Me mordió, me cortó con gil·letes, me quemó con cigarrillos, me las partió, me las curó y volvió a empezar. No podía más, tenía que salir de allí.
Fuí al baño y me escapé por la ventanilla. Corro, corro ya sin aliento y le sigo oyendo. Creo que está disfrutando, le oigo jadear de deseo, le oigo ahogarse en deseo y lo peor es que está cerca. No puedo más y me dejo caer, desfallezco y pierdo el sentido.
Dos días más tarde de que me explicaran esta historia, leí en el periódico, que habían encontrado una joven de 25 años, con el cuerpo demacrado y troceado en el bosque de la tertulia. Sus piernas no aparecieron y no se espera encontrarlas. Pero a mí me quedan muy bien.
Aurora Entumecida libertadTengo que irme, tengo prisa. He de entregar el trabajo a tiempo o este puto mes no cobraré. A noche me quedé de nuevo hasta las tantas, tenía que acabar la mierda de proyecto que me encargaron la semana pasada. Horas y horas consumiéndome la vista, consumiéndome por dentro, rellenando largas líneas de asquerosas letras y mierda, hipocresía, mentiras, conjuros y cagadas y personajes merdosos que lo único que hacen es joder la marrana inventándose vidas llenas de drogas, putas, putos y alcohol. El rockandroll ya pasó de moda. Y yo llego tarde.
La mierda del despertador me ha vuelto a fallar. Tengo que llegar a las oficinas del puto editor antes de la una. Ese jodido hijo de puta ya no me deja pasar una desde que me follé sin miramientos en el lavabo de su despacho a su querida hija, amorosa hija, estupenda hija, con las más estupendas tetas que había chupado desde mi tierna pubertad. Desde el mismo momento que la vi mirándose en el espejo del baño, me pareció la fruta más exquisita, explosiva, suculenta, apetitosa, jugosa y viciosa que nunca antes había probado. Nada más entrar en el jodido baño de aquellas aborrecibles oficinas para gentuza desmoralizada, gris, apagada y absorbida por luces de neón, con una meera que casi no me deja ni dar un puto paso por miedo a que se me escape, la vi. El pelo le caía encima de los hombros, negro como una noche de eclipse. Alta y jodidamente buena. Se le podían ver los deliciosos pezones a través de la camiseta blanca de gasa. Redondos, duros, puntiagudos, esperando a ser mordisqueados por una boca incisiva y viciosa. Me imaginé lamiéndoselos al instante. Creo que llegué a marearme por la simple visión que tuve arrojándome a romper aquella mínima camiseta que se interponía entre mi boca y sus perfectos pezones. Entonces ya no podía mear, mi polla palpitaba, crecía y crecía, me iba explotar en cualquier instante. Entonces vi sus gruesos labios, esponjosos, rojos, mojados... Diooos, me dolían los cojones. Creo que se me estaba inflando hasta la lengua. Creo que llegué a babear, sólo con mirarla. Mi mala impresión no podía romper aquel momento y me giré para secarme la barbilla con la manga de la camisa y colocarme mi inflamada polla. No pude resistir la tentación de mirarle las perfectas y encantadoras piernas de encantadora y amorosa hija que me estaba poniendo más cachondo que en mi puta vida. Eran como dos siluetas de perfecto sexo separadas lo justo para poder entrever el interior sus anhelantes muslos. Los tenía que separar, bruscamente en aquel mismo instante y follármela, o moriría en el intento. Ya no tenía ganas de mear, sólo de meter mi inflamada polla en su encantador y amoroso coño de adolescente sudorosa. Cuando me acerqué para saludarla, olía a jazmín. Hipnotizado, inflamado, dolorido y babeante le dije FÓLLAME. Me metió su lengua escurridiza en mi boca, le cogí las tetas, presionando lo justo, deseando lamérselas, me bajó los pantalones, no llevaba calzoncillos. Siempre había creído que era una manera más de atar mi entumecida libertad. Me cogió la polla con un mano, le abrí la piernas, rompí sus encantadoras y amorosas bragas y se la metí sin compasión, empujando, jadeando y entumeciendo mi futuro sin saberlo. Este puto polvo esporádico me ha costado que mis artículos me los pague su encantador y estupendo padre a mitad de precio y que yo cada vez que vaya a la oficina tenga una encantadora y estupenda erección de viejos recuerdos.
Ya han pasado cinco años y su puto padre no perdona que su encantador, estupendo y amoroso escritor de banalidades le metiera la polla a su viciosa hija en su mierda de lavabo. Pero hoy tengo que ir a entregar este jodido artículo o la semana que viene ni mi polla ni yo podremos comer ni un jodido trozo de carne vieja. Así que cojo las putas llaves del coche y me voy de mi asqueroso antro, llámalo hogar si quieres, donde me la machaco todos los días a la espera que me entren las putas ganas de escribir una vez más para esa mierda de editor que si no tuviera una hija encantadora y amorosa, no le hubiera entregado en estos últimos años ni un puto artículo lleno de esas jodidas mentiras, por las cuales ya había recibido tres espléndidos, hipócritas, asquerosos y merdosos premios. Premios a la mofa absoluta y a la falta de criterio. Premios al consumo de alcohol, drogas y putas extravagantes. Premio a la mierda de mentiras que llena al país de flamantes mojigatas, excéntricas y resabiadas clientas de peluquerías de barrio, donde se encuentran cada semana para ponerse rulos, quitarse la mierda de la uñas, estremecerse de dolor por querer esculpir un coño viejo, frío y gastado. Premios a líneas incesantes de caballerías apalabradas y cabalgadas extinguidas, con las que sueñan las viejas de las peluquerías cuando abren un flácidas piernas para que la esteticista de turno retire de un tirón las canas de sus coños.
Así que cierro la puerta detrás de mí, bajo la escalera hasta la calle, me dirijo a paso rápido a mi coche aparcado en la calle que hay justo detrás de mi edificio desde el día anterior, abro el coche subo y me acuerdo que me he dejado el flash de dos gigas en mi casa, con el artículo y todas sus fotografías ilustrativas de míseras vidas. Me bajo del coche, cierro la puerta con la llave y decido que me voy a tomar una birra al primer bar que encuentre. Y al puto artículo, al puto editor y su puta hija que les den mucho por culo. Hoy mi entumecida libertad ha decidido por mi.
Aurora Mateu El sueñoDios, dios, dioooooos. No he podido dormir una puta mierda hoy. Me he pasado toda la noche dando vueltas en la mierda de cama que tengo. Miro a mi lado. ¿Quien coño es? Ronca, respira y parece que está a gusto. Pero ¿que coño? Una tia a mi lado. Rubia, espectacular, con las tetas más duras que he visto nunca. Se las toco. No, no me acuerdo de nada. Tengo sueño y hay una puta espectacular a mi lado. Se las vuelvo a tocar, no, no me acuerdo de nada, pero me estoy poniendo cachondo. La destapo, joder, que culo. Espectacular, increíble, alucinante y yo con mi polla que cada vez me duele más. Y no me acuerdo de nada. ¿y si me la tiro? ¿Y si me la vuelvo a tirar? o ¿no me la he tirado? Vale, me hecho encima y me la tiro. No, no puedo, está dormida, pero mi polla estalla, palpita, está a punto como no la ha estado antes. Sí, me hecho encima. No, ahora me mira fijamente.
-¿Quien coño eres? -pregunta la muy cerda. -¿Quien coño eres tú? -le pregunto, con la polla entre mis manos, sacudiendo como si estuviera poseso. - Para. - No quiero, chúpamela. - Hijo de puta sal de encima mío. - No me da la puta gana, chúpamela. - Que te la chupe tu puta madre. Me empuja, me muerde, me pega tal patada en mis inflados cojones, que me caigo de la cama, con la mirada perdida entre sus impresionantes pechos y retorciéndome de dolor. - Chúpamela -jadeo desde el suelo. - Que te jodan. - Hija de puta, estás en mi cama, desnuda, sudorosa por la mierda de calor que hace, poniéndome en celo, con los cojones doloridos y la polla a punto de explotar y ni siquiera me la chupas. - Esta es mi casa, no tu antro lleno de mierda. - Entonces dame "güisqui", fóllame y después hablamos. - Que te jodan. - Que te jodan a tí, puta. Me visto, mi polla no deja de palpitar y mis pantalones están a punto de explotar. Miro a mi alrededor, gente, gente en pelotas por todas partes, follando, lamiéndose, dándose por culo, jadeando, sudando, durmiendo. Me he despertado en medio de una orgía, rodeado de culos sudorosos, peludos, depilados... ¿Pero que coño pasó anoche? Yo juraría que estaba en mi cama de mierda, dando vueltas y más vueltas. Me han drogado y esto es una pesadilla. No, seguro que me he puesto yo mismo de mierda hasta el culo y una puta cachonda me ha follado hasta la saciedad y yo no me acuerdo de nada. Esto me pasa por ser demasiado confiado, demasiado borracho, demasiado drogadicto, por ser demasiado, seguro. Me pongo la camisa, cojo la botella de "güisqui", abro la puerta.
- Si no me la chupas me voy, le digo. - Vete, hijo de puta baboso de mierda. Me voy, subo a mi apartamento. Abro la botella. Me sirvo mi primer "güisqui" del día. Me estiro en la cama todavía con la polla palpitante. Me desabrocho el pantalón, creyendo así que aliviaría la presión, me la pelo, ya sin ganas y me duermo.
Eso creía hasta que desperté de esta mierda de sueño, con los pantalones mojados, bajados por los tobillos y con ganas de vomitar. Vomito desde la cama, encima de la ropa de mujer que me encuentro en el suelo, miro a mi lado y sigue estando allí, esa masa informe gorda, con las tetas caídas. el culo caído y el coño caído.
-Te pasa algo cariño. Anoche viniste borracho de nuevo, con ganas de follar, te la chupé, me tiraste al suelo, me follaste por el coño y el culo, me lamiste y acabaste haciéndome el amor como nunca antes lo habías hecho. Te tomaste un último "güisqui" y te dormiste como un bebé en mi regazo. Joder, nunca me lo había pasado mejor.
Vuelvo a vomitar y me duermo.
Escrito por Aurora Mateu. Siete y mediaComo todos los días me levanto a las siete y media de la mañana. Suena el puto despertador, lo odio, lo odio de tal manera que cogería su asqueroso mecanismo y fundiría en la tostadora, si no lo hago es porque a las siete y media de la mañana no tengo jodidas hagas de hacer nada. Se apaga sólo, que suerte. Cinco minutos más. Hoy me doy un lujo, una mierda de lujo, pero en definitiva un lujo. Vuelvo a apoyar mi dolorida cabeza en la almohada, no abro ni los ojos. Como de costumbre inflados y doloridos, por la fiesta que me volvió a aturdir mis sentidos, hasta que perdí el sentido, la noche anterior.
Por cierto, ¿qué coño pasó anoche? He vuelto a olvidarme. Jodida mierda, que me abrasa por las mañanas y me confunde por las noches.
Después de trabajar, como un desgraciado descargando asquerosos camiones de pescado podrido en la puta fábrica de pienso para asquerosas mascotas de hijos de puta con pasta, si yo tuviera pasta no me la iba a gastar en mierdas de piensos "de elite", para mi perfecta mascota. Me hartaría de filetes y del mejor vino de la casa en el mejor restaurante que encontrase en la ciudad. Desde las nueve hasta seis de la tarde, con media hora justa para comer la apestosa comida del comedor de la empresa. Comedor?, Comida?, bazofia sobre bazofia. Bazofia de comida sobre asquerosas mesas, que en un inicio supongo blancas y transcurridos unos años y después de restos incesantes de comida, vómitos, refrescos que no refrescan, y bebidas de todas las índoles, se han convertido en vertederos "bazóficos", donde apoyamos cada día nuestras perfectas bandejas de aluminio retorcido y abollado, con sus perfectas y exquisitas bazofias distribuidas por diferentes departamentos. Ahora de color amarronado y totalmente enganchoso. Ya nadie se lava las manos antes de comer, los más jóvenes e inexpertos, siguen haciéndolo, pero a lo que pasan quince días en la empresa, se vuelven, holgazanes y deprimentes como los demás. Ya nadie se rie en esta mini parcela de tiempo dispuesto para la ingesta de los "alimentos" que nos aporta nuestra MAGNÍFICA empresa de putos piensos de pescado.
Cuado acaba mi jornada y me ducho en las instalaciones de la empresa, es cuando por fin me siento libre y provechoso. Es cuando por fin, me puedo cagar en la puta madre que parió a mis jefes, que por un mísero sueldo, te sonríen y se ríen en tu puta cara, cuando al llegar el viernes te dan una mierda de sobre con la pasta que, cómo no, han decidido que te mereces esta semana. Hijos de puta, si ni siquiera os habéis acercado al puto pescado podrido. Huelen a rosas los muy pijos de mierda. Pero un sueldo es un sueldo, acabas pensando, hasta que me cague en la puta madre que os parió en vuestra asquerosa cara de pijos y deje de serlo.
Es entonces cuando me dirijo a mi humilde morada, humilde porque con la mierda de sueldo que cobro no tengo casi ni para pagar al puto casero. Morada porque de la mierda de anteriores inquilinos que reside solidificada en suelos y paredes ya ha escogido ese color para decorar tus mínimos momentos de resaca y enfriamiento de sentimientos que te atacan durante el día. Pero de camino siempre me encuentro con uno u otro de los clientes habituales del bar que hay justo debajo de mi casa, aunque más que clientes, son voraces consumidores de alcohol, que se funden la pasta de la semana en incesantes juergas aletargantes e insignificantes. Pero siempre consiguen que me tome una copa con ellos. Pagas tú les digo siempre, yo no tengo pasta. Y aunque la tuviera, no puedo dejar que mi asombrosa capacidad de gorroneo se vea alterada por un simple, hoy pago yo, porque si lo hiciera desde entonces, me tocaría pagar incesantemente a todos aquellos moradores de bar. Y siempre pienso que te jodan, pagas tú, que para eso curras en uno de esos flamantes edificios llenos de oficinas o nichos.
Entré y ahora me encuentro en mi cama con la horrible resaca que me aturde y me mata cada día a las siete y media de la mañana. Odio el puto despertador.
Aurora Mateu Como son las cosasHay que ver como son las cosas. Dan vueltas y vueltas, pero siempre vuelta a empezar. Joder, es ¿qué no sabes hacer nada nuevo? le contesté. Cambia, cambia lo que no te guste, cambia lo que te putea, cambia de estado de ánimo, cambia de amistades, cambia de pareja. Cambia lo que te de la puta gana, pero no me vuelvas a joder con la misma puta frase cada semana. Estoy hasta los cojones de gente como tú, le dije el otro día, te quejas, te quejas y te vuelves a quejar. ¿Dónde coño has dejado la solución a tus putos problemas? ¿Qué no sabes que la gente está igual o más jodida que tú? Siempre con la misma puñetera frase. No te jode. Al menos sé un poquito más original y habla del tiempo, pensé. Al menos cambia más que tú.
Hoy me lo he vuelto a encontrar, ...vueltas y vueltas, pero siempre... Estoy hasta los cojones. Yo lo único que quiero es tomarme mi puta cerveza de asqueroso alcohólico, gordo, baboso, putero y pobre donde los pobres son ricos, tranquilo. Mirar como enfría la copa, entelando hasta el último sentido que tienes hasta que le das un sorbo. Endulzando ese momento que esperabas todo el día, para que venga el susodicho y te joda la tarde con putas frases hechas que no tienes ni putas ganas de aguantar. Ese precioso momento vendido, alquilado, regalado a tu asquerosa vida se ve de golpe, nublada por un informe y nada contemporáneo comentario de barra fácil y borrachera continua.
Mi momento, mi único momento de descanso, de placidez, de letargo, desde hace unos días se ha visto truncado por un nuevo cliente del bar donde yo me escondo, me desperezo, me letargo, me desinhibo, me divierto, me relajo, me contraigo, donde ligo y desligo, donde me peleo y hago las paces con cualquier puta en el baño. Mi espacio se ha visto invadido por un hijo de puta aletargado, que no es capaz de pensar más que en su jodido culo. Si pensara y supiera que hay más jodidos culos en los que pensar, dejaría de joderme todas mis beneplácitas tardes, con su puto comentario nada más verme.
A veces pienso que es idiota. Otras que... pobrecito no tiene pasta ni para echarse un puto pedo, otras que es un gilipollas con ganas de tocarme los cojones por cojones, otras que...tengo que cambiar de bar. Pero no me sale de los cojones, yo llegué antes que él.
A vuelto a venir como cada día a la mima hora, yo me pongo de espaldas a la entrada. Hoy seguro que no me reconoce y no viene a dar por culo, pienso. Me equivoco. Se abre la puerta, oigo los pasos y yo me enfrasco aún más en la lectura del periódico de hace un mes, que no me importa dos cojones lo que dice y en mi refrescante, relajante y desinhibidora cerveza de espuma perfecta que me acaba de servir el camarero bizco. Noto unos pequeños golpes en mi espalda, como si tocaran un piano suavemente. No me giro. No me interesa. Me hago el distraído. Insiste. Miro más atentamente el periódico. Lo cojo con las manos. Fuerte, muy fuerte. Cada vez más fuerte. Vuelve a tocar mi espalda. Mierda, mierda, mierda. Me giro. ¿Qué coño quieres, le digo? Hay que ver como son las cosas. Dan vueltas y vueltas, pero siempre vuelta a empezar, contesta. y entonces tengo que darle la razón, aunque me de la vuelta, él siempre vuelve a empezar.
Escrito y creado por Aurora Mateu
LunesY allí estaba yo como cada mañana.
Llego, miro a todo el mundo, hoy está lleno, y no encuentro ninguna mesa libre . Mierda!!. Bien, me conformaré con leer el periódico en la barra mientras me tomo mi café. Miro de nuevo, parece que hoy todo se han puesto de acuerdo para putearme. No hay un puto diario libre. En la mesa de la entrada hay dos tipos, de esos que van vestidos como si fueran maniquíes, con sus estupendas camisas blancas bien planchadas, -seguro que se dejan una pasta cada mes en la lavandería. Y yo jodida, sin pasta , sin mesa y además sin un puto periódico para leer mientras me tomo mi jodido café matutino. Lunes, tenía que ser lunes una vez más-, la americana colgada como si de una percha se tratase del respaldo de la silla. Los pantalones impecables y los zapatos, para qué coño vamos a hablar de los zapatos. Seguro que son de marca y les han costado una pastísima y yo allí plantada en medio del local, saludando a todos los tipejos, tipejas, putas, chulos, parásitos, currantes, naftalinas, chorizos sonrientes con traje, mamás, súper mamás y gente súper guai. Todos allí con sus putas sonrisas, mirándome y diciendo, hola o buenos días o lo que a mi qué coño me importa. Todos allí en el bar, sentados, leyendo, comiendo, bebiendo, riéndose. Jodidas risas.
Lunes, hoy tenía que ser lunes.
Bien decido sentarme en un asqueroso taburete que te deja las piernas colgando porque cuando vas a apoyar tus perfectos pies en la mini barrita preparada para eso, te encuentras que está rota, astillada, se mueve, o peor aún, se ha quedado al otro lado. Lunes y con cara de gilipollas, sin mesa, sin periódico, todavía sin café, rodeada de gentuza estúpida, con miradas estúpidas, sonrisas estúpidas, ropas estúpidas, conversaciones estúpidas, estúpidas mesas y estúpidos periódicos y para acabar de joderla, con los pies colgando de un puto taburete. Me hago sitio en la barra, el camarero me saluda con la mano, pido lo de siempre, un cortado. Hoy no está mi camarero preferido, ese que siempre te hace los cafés en su punto, ni demasiado calientes ni demasiado cargados y con la crema justa, para que no vayas haciendo el gilipollas con el bigote "cafeinado". Me acomodo, me tranquilizo, el camarero ya me está haciendo el café. Pasa alguien por detrás. Empujón. Perdona, me dije el muy hipócrita. Haberte fijado un poquito más y te habrías dado cuenta que te acercabas un lunes por la mañana aceleradamente y sin que te importe lo más mínimo hacia la única persona sentada en la barra con lo pies colgando de un taburete medio roto y puesto del revés. Hijo de puta, le importa un mierda lo que pase a su alrededor. No pasa nada respondo. Total sin café todavía no eres nadie y liarte en una pelea estúpida un lunes por la mañana, no deja de ser de estúpidos. Que no lo haga el martes, que se va ha enterar.
El de la mesa de detrás ha doblado el periódico. Me voy a bajar del taburete de un salto cuando el camarero se acerca con mi café, mi perfecto café, mi café de lunes por la mañana, de puto lunes por la mañana. Qué hago?, salto rápido y pillo el periódico? El de al lado, se ha dado cuenta. Quiere el periódico. Me mira, se levanta más rápido que cualquier persona que hubiera visto antes, para que lo entiendas, jodidamente rápido. Me vuelve a mirar. Miro el periódico, miro como lo acaban de dejar perfectamente doblado encima de la mesa. Estoy más cerca. No!!!, Mierda, el hijo de puta ese lo ha cogido y me sigue mirando. De refilón leo en la portada, Sequía, ETA, bomba, Zapatero, Rajoy que más.... mierda, mierda, mierda, lo ha cogido y hoy es lunes, es un jodido lunes como otro cualquiera donde te das cuenta que la fiesta del fin de semana te ha dejado sin reflejos y con un dolor de cabeza que te presiona las sienes cada vez que te giras.
Pero logro girarme, romper el jodido sobre de azúcar que siempre se rompe por donde no te esperas y te encuentras en un momento con el plato lleno de azúcar, la barra llena de azúcar, la cuchara llena de azúcar y el jodido periódico que ha cogido el de al lado LLENO DE AZÚCAR. Jódete. Pero mi café sin azúcar.
Es lunes, el café está amargo, me cuelgan las piernas de una mierda de taburete, no he podido leer más que unas palabras sueltas de periódico que ha pasado por delante de mis putas narices, no he encontrado mesa, se me ha roto el azucarillo, me duele la cabeza por la mierda que me he metido el fin de semana. Pago y me voy. Ya queda menos para que se acabe el LUNES.
Escrito, pensado y creado por...Aurora Mateu
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